Dirección creativa / Universo gráfico / Brand experience
BVR.Summer Drop.
Dimos a una colección de verano una idea que podía vestirse, servirse y compartirse.

El reto
Lanzar una colección con algo que contar alrededor.
Summer Drop necesitaba una dirección creativa que conectara las prendas de BVR con su comunicación y con una experiencia de marca. El reto era construir un contexto reconocible para la colección y sostenerlo en soportes muy distintos.
Trabajamos esa conexión desde el concepto. Buscamos un mundo que aportara imágenes, mensajes y una forma de reunirse. Una idea suficientemente concreta para ordenar las decisiones de diseño.
La idea de
Big Boom.
Convertir el aperitivo en el universo de la colección.
El aperitivo reúne un ritual social, una paleta y una manera de hablar. La gilda condensa ese mundo en un objeto pequeño y reconocible. Nos permitía relacionar la colección con un momento que la gente entiende, pedir otra ronda, encontrarse y alargar el plan.
De ahí sale el hilo de Summer Drop. Las frases podían convertirse en gráfica; la gráfica podía pasar a las prendas; el aperitivo podía hacerse real en la activación. La misma idea tenía un papel distinto en cada punto de contacto.
Cómo lo hicimos
Dar a la gráfica una voz de barra.
Trabajamos con frases que suenan a conversación, como «Donde hay gilda hay plan» o «Que vivan los pinchitos». El humor cotidiano acerca los mensajes al ritual del aperitivo y permite que cada pieza tenga una entrada propia.
La tipografía grande y las formas sencillas mantienen una lectura directa. Los tonos de aceituna, guindilla y vermut conectan las composiciones con el concepto. La variedad viene de la combinación de esos recursos, sobre una base común.






Hacer que el concepto viaje entre soportes.
Llevamos ese lenguaje a las prendas, las cartas y las pegatinas. Cada aplicación necesitaba una escala y una colocación. Una espalda se lee a distancia; una carta se sostiene en la mano; una pegatina funciona como un gesto pequeño de marca.
Ajustar la composición al uso mantenía la personalidad sin repetir un mismo cartel en todas partes. El resultado es una familia de aplicaciones que comparte tono y puede reconocerse dentro o fuera del encuentro.







Convertir la referencia en una experiencia física.
La activación puso el aperitivo sobre la mesa. Las gildas, el servicio y la presentación hicieron tangible el mundo que la colección había anunciado. La gente podía entrar en la idea y relacionarla con las prendas que estaba viendo.
El producto y la puesta en escena sostienen el mismo relato de moda, comida y encuentro. Esa coherencia es la que convierte los distintos elementos en una experiencia de BVR.







Unir la campaña con lo que ocurrió.
El contenido alterna piezas gráficas, producto y personas disfrutando del plan. Cada tipo de imagen cumple una función, ya sea explicar el universo, mostrar sus aplicaciones o contar cómo se vivió.
La dirección creativa da continuidad a esa secuencia. La colección se puede presentar a través de diferentes escenas manteniendo el aperitivo como punto de reconocimiento.






El resultado
Una colección con un mundo al que entrar.
Summer Drop quedó articulado como un conjunto de gráfica, prendas, aplicaciones y experiencia. La gilda funcionó como icono; el aperitivo aportó una voz y una situación compartida.
Big Boom dio a la colección una lógica que permite contarla más allá de una imagen de producto. Cada soporte aporta una parte del relato y mantiene el vínculo con BVR.
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